Reality post
No, señoras y señores, no les contaré sobre el reality chow de mi vida que implica las funciones de una precaria ama de casa y una cachorra con el hocico azul por haberse robado un carbónico del fondo. Tampoco voy a involucrarlos en el reality de mi cuadra, que en realidad serÃa un excelente remake de “El conventillo de la paloma”.
No, prepárense, porque ha llegado la hora de una nueva clase de arte. Hoy: Realismo.
Recordarán que ya tratamos temas tales como el Neoclásico y el Romanticismo. En este último vimos cómo se fueron gestando nuevas ideas que le daban por el ocote al clasismo que llevaba un par de sigletes impuesto.
Pues bien, el siglo (XIX, léase 19, no equisiequis, animalito de Dios) se iba acabando y con él la cordura. O la falta de la misma, dependiendo de la óptica que queramos darle al tema y la cantidad de vueltas de tornillos que nos estén haciendo falta.
En fin, la cosa es que las revoluciones estaban a la orden del dÃa, los artistas estaban medios podridos de todo y el pueblo empezaba a ser protagonista de su propia historia. Sumemos todo esto y llegaremos a la conclusión a la que el buen amigo Corot (junto con varios otros) llegó de que la cosa no daba para más: “Seamos realistas” dijo y creó el Realismo, con la misma convicción que el mosquito que te pica el talón a las 4 de la mañana y te tiene rascándote el resto de la noche acordándote de todos sus antepasados mosqueriles.
Claro, gorda, basta de pintar reyes y demás asociados a las monarquÃas, dejándolos lindos encima, cuando por ahi tenÃan una napia insostenible. Basta de escribir las azañas de un gran duque que en realidad hacÃa todo para levantarse más minas.
Asà pues, apareció por ejemplo el querido Charles Dickens que nos hace hasta el dÃa de hoy llorar a moco tendido por las desventuras de David Copperfield (no, el antecesor de Harry Potter no, este hacÃa magia para poder comer nomás) y todo tipo de historias en las que la gente muerta de hambre era la protagonista. Porque sÃ, era lo que estaba pasando, la plata la tenÃan unos pocos y los demás se las arreglaban como podÃan… bueno, dicen que el mundo es un ciclo que se repite constantemente… Prosigamos.
En el campo de la pintura, se comenzaban a pintar temas “reales”, sÃ, soy redundante, es mi blog, che. Esto ya lo venÃamos viendo desde el Romanticismo, pero ahora no se escondÃa tanto el asunto: “Al pan pan y al vino vino” Y al panpan Albino vino (sÃ, malÃsimo. Once again: es mi blog, aguantátela
) Escenas de la vida diara, trabajadores realizando sus labores, hasta fucilamientos! Se empezaban a dejar de lado las formalidades clásicas. Si la doña era gorda, pues los rollos no se ocultaban más y si la ñata estaba para estética, pues qué pena que todavÃa no existÃa Nip/Tuck: a cantarle a la guanaca!

Es importante destacar un toque al amigo Manet (con a, el con O viene en la clase que viene) que era un apasionado por la obra de Goya y otros artistas españoles. Además el muchacho era un marino frustrado, por lo cuál viajaba mucho y le encantaba tener amiguitos en todos lados. La onda es que Manet era basicamente un copado capaz de hacer un megamix de todo lo que iba aprendiendo, por lo cuál sus aportes a la pintura de la época es destacable. El pibe te metÃa la fuerza de goya, los planos de las estampas japonesas, la temática de Delacroix y todavÃa le quedaba tiempo para ser él mismo y agregar lo suyo.

Asà es como el arte toma una nueva dirección completamente copada y nunca antes vista, de la mano de caballeros (y algunas damas también) que se la jugaron por el cambio.
Niñis, nos vemos la próxima clase, espero que la hayan aprovechado y recuerden que es todo un delirio mÃo. Si realmente les intersa el tema: agarren una enciclopedia… no muerden, che!!!








