En mi cuadra nunca pasa nada.
O al menos eso pensaba hoy justo cuando salía de casa mientras enfrente dos gatos se miraban desafiantes, los borrachos en el almacén hablaban pavadas, más allá el perro que está hace una semana haciendo campamento delante de la casa donde hay una señorita en celo estaba firme como un soldado y en la esquina 5 chicos jugaban a "venía un barquito repleto de… calles" Un mendocino dijo San Martín y una porteña dijo Rivadavia. Uno poco original dijo la calle en la que estábamos y otro esgrimió que era aburrido jugar sin tomar y en pleno uso de sus cualidades.
Cuando llegué al super, delante mío entraban tres adolescentes. Uno de remera blanca, otra con un bolso verde de Kio y el otro com mechones violetas en el pelo. La corriente de gente hizo que los siguiera y que, lamentablemente, presenciara sin pensarlo y en contra de mi voluntad un crimen despiadado y por el cuál mi vida correría peligro.
Pasaba justo por la parte donde están las ofertas y la canasta familiar "más variada del mercado" (con consta de harina, fideos, pan, polenta, fideos de sopa y caldo) con los bándalos 4 pasos delante mío. Seguimos caminando y nos adelantamos a las carnes y verduras (el mundo saldría de órbita si un adolescente compra un atado de acelga, claro está).
Entonces se sucedió el crimen… Uno de ellos estiró su manita que ya de inocente no tiene nada y la metió entre los huevitos de pascua. Y apretó uno. Lo destrozó. Lo dejó ahi hecho añicos sin poder cumplir ya su misión en la vida de ser un huevito de pascua feliz y ovoide que le provocara un empacho de lunes posterior a domingo de pascua a cualquier ñiño de familia. Justo en ese momento en que se acontecía el hecho, la chica levantó la vista y me miró directamente a los ojos, exactamente cuando yo ponía cara de "oh, no, pobre huevito! ya no podrá cumplir su misión en la vida de ser un huevito de pascua feliz y ovoide que le provocara etc etc"
Se detuvieron en seco. Los tres. Y me miraron… Yo agarré con más fuerza mi canastito (porque justo hoy se me da por jugar a heidi, con el changuito hubiera sido otra cosa, nena) y pasé por un costado como quien no quiere la cosa. Seguí con mis compras en la sospecha de tener una mirada clavada en la nuca, haciéndole señas al señor de limpieza que claramente decía "hay unos chicos que atacaron un huevito que ya no podrá cumplir su misión en la vida de ser un huevito de pascua feliz y ovoide que le provocara etc etc y soy la única testigo, señor limpiador, apiádese de mí, yo alguna vez me puse de nick ‘super valerina’ yo también pertenezco a la fuerza trabajadora!"… pero aparentemente una señalada veloz de dedo y una apertura asombrosa (la verdad que cuando quiero, me sale divina) de ojos no comunicó del todo mi mensaje.
Cuando ya me sentía relajada, había elegido un serenito con lentejitas de chocolate para pasar el mal rato y me apropicué a una de las cajas, miro hacia delante y qué veo?? Qué?? Qué?? Una remera blanca
CHAN
Y miro más hacia allá, donde está el puestito ese que vende todas las pendorchadas esas inútiles que nos gustan a las chicas, veo que por detrás se asoma qué??? Qué??? QUE???? Un bolso verde de Kio
CHAN CHAN
Y miro para el lado de la puerta, más para donde está el kiosco donde mi mamá compra inocentemente todas las semanas el tele kino y qué veo??? Qué????? QUÉ????? Una melena con pelos violetas
CHAN CHAN CHANNNNN
El chico de la remera blanca, como para justificar el hecho de estar en la caja sin ningún producto que comprar, sacó un billete de 50 pesos para pedir cambio.
"Vas a tener que esperar que me abran la caja para cobrar"
Maldición! No dije nada, traté de ocultar mi pulso tembloroso y pasé mis productos con la mayor seriedad posible, pareciendo lo más despreocupada y alta que pude. Cuando saqué la tarjeta de débito supe que estaba firmando mi condena "Ah, vas a pagar con tarjeta…" Demonios! Que alguien haga algo y traiga a mi mamá!! Por suerte pasaba justo el asistente de cajas y la abrió para que les pudieran dar cambio. Así, felices de haberle encajado un billete trucho de 50 pesos al cajero, se fueron.
Bueno, esto último no está comprobado, pero semejantes maleantes no pueden andar con 50 pesos por la vida, con lo que a mí me cuesta ganarmelos….
Cuando iba saliendo, el señor que vende empanadas en la puerta me hizo ojitos. Esos ojitos que dicen "yo se que tu casa está para allá… ellos también, rajá para el otro lado o sos boleta… y la docena de empanadas está a 3.50"
No pude reaccionar a tiempo y doblé para el lado de mi casa, convencida de que iba a ser la última cuadra de mi vida.
Pero pude hacer otra más. Y después otra. Y ahi estaban los chicos tratando de alcoholizar el asunto esta vez diciendo nombres de cervezas. El perro movía la cola, se ve que estaba más esperanzado. Y los gatos ya no estaban más. Sea lo que fuera que tenían que discutir, ya lo habían arreglado.