La justicia divina existe. Nos pasamos toda la semana buscando ropa para oootro casamiento (¬¬), sin perder el ánimo, con mente en positivo, cruzando los dedos, mirando precios, probándonos de todo, haciendo la flor de loto y la pendorcha.
Finalmente algo conseguimos (hablamos en plural porque de algún modo necesitamos demostrar nuestro lado psicótico antes de que sea demasiado tarde y terminemos asesinando a alguna vendedora inadaptada), no lo que hubiéramos querido, pero estamos acostumbradas.
Nos compramos zapatos también y como nos gustan aunque por ahi no tengan tanto que ver con un casamiento. Pero calzar 36 nos viene espléndido porque siempre conseguimos número.
Y entonces sucedió… nos volvimos caminando del centro a la casa de bijiú amiga para ver si conseguíamos algo que le diera un upgrade a la vestimenta medianamente importante y resultó que un caballero buscaba algo para su chica y le echaba el ojo a lo que nosotras queríamos comprar. Y le hicimos seña a la vendedora de que nosotras queríamos ese collar. Y la vendedora utilizó sus mañas de engatuzamiento vendedoril y le hizo llevar otro. Y nosotras nos pusimos contentas porque al fin conseguimos una vendedora solidaria y realizamos la compra y nos fuimos saltando en una pata.
Claro que la vendedora nos mal confundió con una amiga de su hija y por eso nos hizo gancho, nos preguntó por toda la familia y nos dijo que volvamos a tomar mates. Pero bueno, el collar es nuestro. Y podemos hacernos las que conocemos a alguien, es otra forma más de canalizar la psicosis, hemos dicho.