Cumplidor
Lunes, agosto 31st, 2009Agosto se fue como se tenÃa que ir: dejándome la sensación de que es el mes más pancho y odioso del año. Gracias, agosto, vos sà que no me defraudas, eh
Agosto se fue como se tenÃa que ir: dejándome la sensación de que es el mes más pancho y odioso del año. Gracias, agosto, vos sà que no me defraudas, eh
No encuentro mi ejemplar de “Ensayo sobre la ceguera”, sé que está delante mÃo, pero no lo logro ver.
Como despedida de los 20s (hoy falta justo un mes para cumplir 30 años) se me ocurrió, medio por casualidad, releer el primer libro que tuve, que leà justo hace 20 años. Me acuerdo que fue a esa edad (9 recién cumplidos), porque me lo regaló mi mamá después de mi cumpleaños ese año que justo nos habÃamos mudado a Mendoza.
Se trata de “Bajo las lilas”, de Louisa May Alcott. Es un ejemplar chiquito, lindo, de biblioteca billiken, esos de tapa dura y dorso rojo, con ilustraciones siempre en las páginas equivocadas y que muchas veces no correspondÃan a los personajes. Leyéndolo me dà cuenta de dónde viene mi costumbre de leer por capÃtulos, el fastidio que me genera dejar un capÃtulo a la mitad, porque en ese momento me sentÃa grande siendo capaz de leer capÃtulos enteros, que ahora me causan gracia porque al ser una edición infantil, no superan las 5 páginas.
Después de “Bajo las lilas”, no pude parar y seguà con “8 primos” y “Rosa en flor”, dos libros con los que me acordaba que de alguna forma me habÃa identificado mucho. Tomándolo ahora, calculo que todo pasaba por la conexión que tiene la protagonista con sus primos, que yo habÃa dejado de ver con la frecuencia casi diaria que tenÃa cuando vivÃamos a la vuelta, en Buenos Aires.
Tengo la suerte de tener una edición de “Mujercitas” que no es infantil, sino que venÃa en un libro sobre escritoras inglesas que me regalaron hace un tiempo mis hermanos (justamente, para otro cumpleaños). Entrando cada vez más en los libros de Louisa, empecé a darme cuenta de cuántos de los valores y principios que llevo desde hace tanto tiempo conmigo vienen de ahÃ. Qué inteligente fue mi mamá al regalarme esos libros que casi que podrÃan haber sido escritos por ella.
De repente me habÃa comprado los 2 libros siguientes de la serie, porque tenÃa el cuarto mirándome, esperando para que lo leyera (los que leà originalmente, eran de la biblioteca del colegio). Me sorprendà al ver que me acordaba los tÃtulos de los capÃtulos (como el tÃtulo de este post, un capÃtulo muy divertido de “los hombrecitos de jo” y que me encantaba porque en él vuelve mi personaje favorito) y los contenidos de cada uno. Me di cuenta por qué me gusta leer 2 veces los libros que me gustan y repetir casi adictivamente el autor hasta agotarlo, me acordé por qué me gustó siempre que me dijeran Nani (tan parecido a Nan, una de las chicas de los dos últimos libros), encontré mucho de mi forma de escribir en esas páginas y revivà cómo se me partió el corazón cuando, entre los 9 y los 12 años, me enteré que no todas las historias tienen finales felices.
Ahora que soy “adulta” y veo las cosas de otra manera, lamentablemente, mucho más realista que en aquella época, entiendo lo importante que fue que todas esas enseñanzas me llegaran, que tuviera “amigos” en los libros y que los personajes simples y a la vez profundos, se sintieran tan reales. Seguramente les debo a ellos mucho de mi imaginación y mis ganas de seguir leyendo. Mi gusto por los libros, por comprar un libro más allá de para leerlo, porque está bueno el diseño, porque me gusta el papel o la tapa, porque es un libro.
Seguramente este post no sea leÃdo hasta el final por muchos, o no le encuentren interés alguno. Pero, en honor a la Nani de 9 años que se sintió hace 20 años una más al lado del hogar de los March, necesitaba escribirlo.