Verdades de la vida (X)
Miércoles, septiembre 1st, 2010Hipo y migraña, no hacen amistad.
Las mujeres consideramos irrefutables algunos hechos que repetimos cual mantras, más allá de que la ciencia, la filosofÃa, la religión o los consejos de la abuela lo desmientan. Algunos ejemplos:
- para las rubias todo es más fácil
- no importa que me lastimen, si son lindos y me quedan bien
- te trata mal porque le gustás y no puede admitirlo
- el pantalón se achicó al lavarlo, aunque vaya por el lavado nro 323
- va a llamar, va a llamar, va a llamar
- ya sé que necesito sólo uno, pero 3×2, no lo podÃa desaprovechar
- el lunes empiezo
Hoy, como dirÃa mi amigo Alber, estoy en tiradora de máximas, por lo cuál (como no quiero guardarme mi sabidurÃa para mà sola, que soy una persona generosa, vamos!) les retransmito las siguientes para que las usen en su vida diaria:
Y cuando se hagan millonarios, me organizan una colecta.
Las maestras jardineras tienen el pelo largo y hablan todo en chiquitito. Y el 87,7% son rubias.
Denlen, ahora vengan todos a hablar de su seño de pelo corto, negro y literata.
Posta: el 87,2% de las veces que des un consejo, no va a ser escuchado. Es más, si terminan haciendo lo contrario a lo que dijiste, quedás como un absoluto/a retardado.
Pensalo, no gastes pólvora en chimangos.
Te das cuenta que estás creciendo cuando, después de decir: "yo tengo un amigo que…", aclarás "bah, amigo… un conocido"
Si una mujer no es linda, se la describe como "simpática"*, si vive metida en el trabajo y no tiene vida, es "eficiente" y si está medio baqueteada y pirucha, es un "espíritu libre".
*si tampoco es simpática, va sonada xD
Los autenticos decadentes hubieran sido LA banda de sonido de "los caballeros de la cama redonda"*.
O cualquier otra peli de Olmedo y Porcel, si vamos al caso.
Dejame de joder.
* epifanías que tengo después de 3 días de migraña…
El pan, con manteca, azucar y una amiga, sabe mucho mejor.
A ver, admitilo, vos sos de esos! Yo también lo soy y lo admito… por mucho tiempo lo oculté, me resguardaba de que los demás se enteraran (esas cosas no se dicen), que nadie se entere de mi hábito sucio y freak.
Muchas veces deseé dejar de hacerlo, pero realmente no podÃa concretar nada sin eso. Y lo disfrutaba, me gustaba, me hacÃa sentir bien. HacÃa del momento algo especial, porque era algo que no iba a volver a darse, cada vez era diferente y además, me resultaba útil y placentero…
Una vez, en la casa de un conocido un mundo nuevo se abrió ante mis ojos: el tenÃa esa cochina costumbre y no sólo lo admitÃa, sino que también lo mostraba al mundo. No tenÃa reparos que todo aquel que entraba a su casa, se enterara de que para él estaba completamente bien y hasta era parte de las normas de etiqueta de toda casa que se digne llamar hogar. Era algo que de hecho compartÃa no sólo con su mujer (que lo aceptaba, porque la cosa es en la pobreza y en la riqueza, en el orgullo y en la vergüenza, etc etc) sino que sus hijos se habÃan criado de ese modo…
Entonces lo decidÃ: no tengo por qué ocultarlo… si todo el mundo lo hace, pero nadie lo quiere contar en voz alta.
Pero qué querés que te diga: el dÃa que entré en el baño de esa casa y vi un revistero hermoso en la pared, al lado del inodoro, me sentà más feliz que comiéndome un helado de tramontana. Porque, sabés qué? Yo leo cuando voy al baño.
Y vos también, a mi no me la contás!